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Día 1: De A Coruña a Burdeos en coche (Diario de viaje #DeMikuPorLaFrance)

Era el último miércoles del mes de Julio. El gran día de salida de nuestra ruta por Francia. Por delante más de 900 km y unas 10 horas hasta Burdeos, una ciudad que utilizamos como escala para seguir subiendo hacia la Bretaña.
Este diario del día 2 pertenece a nuestro diario de viaje por Bretaña y Normandía. El índice del viaje lo encontrarás aquí.

El día amanecía nublado y hasta triste en Coruña, incluso amenazaba lluvia. Una lluvia que no vimos en Galicia, pero que nos acompañó desde Asturias hasta el País Vasco, hasta la frontera con Francia.  Y es que en Asturias y Cantabria parecía que el cielo se nos caía sobre nuestras cabezas, como decían los galos en los famosos cómics.

Cerramos todo en casa, con esa sensación que siempre nos invade cuando nos vamos de viaje: ¿Hemos apagado todo? ¿hemos cerrado el gas?. Ya en el coche, y después de subir otra vez a recomprobar todo (si, somos así), salimos a eso de las 9 de la mañana.

Ya habíamos visto que el tiempo que íbamos a tener en Francia iba a ser espléndido, cosa que así sucedió, salvo un día nublado en Normandía. Íbamos exultantes y contentisimos, a pesar de saber que íbamos a “chupar” mucho coche. Sarna con gusto no pica, como se dice.

Tomamos la autovía A-6, para luego ya tomar la A-8, la autovía del Cantábrico que nos llevaría a Francia directamente, sin desvíos. La idea era hacer una parada en Asturias y otra en el País Vasco. En Asturias teníamos pensado parar cerca de Llanes, en la famosa playa de Gulpiyuri, pero al llegar allí, llovía a mares y abortamos el plan (paramos sólo a tomar un café).

Ya en Euskadi, la A-8 se convierte en la autopista AP-8, famosa por ser un poco cara. Pero que merece la pena pagarla (unos 11 euros en total) pues si tomáis las carreteras nacionales, os llevará 2 horas más, y eso contando sin tráfico. Y siendo Agosto y pasando por zonas como Zarautz, puede complicarse.

Una vez pasada Donosti, decidimos salir de la autopista en Irún, porque nos hacía ilusión pasar a Francia por la antigua carretera, la mítica. Y de paso, buscar dónde comer en el primer rincón de Francia que nos encontrásemos.

Enseguida nos plantamos en la frontera, en Behobia. Allí, lo que nos sorprendió muchísimo es la cantidad de negocios que hay en la frontera, en el lado español. Una especie de galerías comerciales tipo polígono al lado de la carretera llenas de tiendas y mercadillos, abarrotados de franceses, muchos de los cuales salían con botellas de alcohol y cajas de tabaco. Creí que escenas así eran de otras épocas, la verdad… Intentamos aparcar para ver aquello, pero luego de unos minutos, desistimos. Íbamos a Burdeos, no queríamos perder más tiempo del necesario.

También en esa zona vimos una gasolinera low cost con grandes colas. Y no era para menos, el gasoil por ejemplo, a 0,99€. Como referencia, nuestro último repostaje justo al  lado de casa,  a 1,17€… Los precios de combustible iban a ser un tema recurrente en nuestro viaje, ya que nos habían avisado de que en Francia los precios pueden ser muy altos o muy bajos. Lo de cómo repostar más barato, lo contaremos en un artículo con consejos que publicaremos pronto.

Bienvenidos a Francia!!!

Francia nos recibe amablemente con unos atascos de esos que no te mueves, estábamos en medio de una de las zonas turísticas y de playa de Francia, cerca de Saint Jean de Luz . Estábamos parados en una gran retención, con lo cual decidimos volver a la autopista.

Luego de más de una hora en la que avanzamos un par de kilómetros, y viendo que si parábamos a comer nos iba a retrasar más, compramos algo en un pequeño supermercado en un pueblo y seguimos en ruta.  Al rato ya vimos una entrada de nuevo a la autopista, que tomamos rápidamente. El “experimento” de ir por carretera convencional para conocer Francia no había funcionado. 

Toca ir por las autopistas francesas

Y al fama de los peajes en Francia no era gratuita, cada pocos km encadenabamos peajes, ya no recuerdo cuántos pillamos en una distancia pequeña. Eso sí, cuanto más nos alejabamos de la frontera, los peajes se espacian y el precio disminuye.

La verdad es que por autopista se hacía genial, desde ella podíamos ver que los atascos eran kilométricos y había sido un acierto tomarla. El límite de velocidad en las autopistas en Francia es de 130 km, por lo que los kilómetros empezaron a caer rápidamente. El paisaje, eso sí, se puede hacer monótono, pues hay muchísimos kilómetros entre pinares, muchos. Si mirais en google maps en las Landas, veréis la gran mancha verde de esos pinares, es enorme.

Y por fin, Burdeos!!!!

Llevábamos 10 horas de conducción, y lo primero que hicimos al llegar a Burdeos fue dirigirnos al hotel, que se encontraba en una zona residencial junto a al lago Le Lac. Era el P’tit Dej-Hôtel Bordeaux Lac, un pequeño motel de tipo carretera con parking gratuito y muy cómodo si lo que buscas es sólo dormir y darte una ducha. Probablemente no sería el que buscásemos nosotros, pero haber organizado un viaje una semana antes es lo que tiene. Aún así, no nos importaría volver a repetir para lo que necesitábamos en ese viaje. Una vez dejamos las cosas, nos dirigimos de nuevo al coche para ir a pasear y cenar en Burdeos, que se encontraba a unos pocos km.

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De camino al centro de Burdeos, justo cuando pasábamos por un moderno puente en el río Garoña, vimos a nuestra izquierda una enorme mole de hormigón. No sabía de su existencia, pero hay una similar en Lorient y enseguida intuí lo que era:  una base de submarinos nazis. Impresiona verla, y más si es de sorpresa.

Como no había mucho tráfico a las 8 de la tarde en Burdeos, hice una de las cosas que más me gustan cuando voy a una ciudad nueva (y no hay tráfico): callejear un poco y tomar referencia de la ciudad, para luego aparcar y tener ya una idea de la zona.

La verdad es que alucinamos un poco con la ciudad, calles empedradas y bellos edificios, una delicia. De hecho, Burdeos tiene nada más y nada menos que 350 edificios inscritos en la lista de monumentos históricos. Allá íbamos de un lado a otro de la plaza de la Ópera y del centro histórico. Apenas había coches y hasta daba gusto conducir por ahí, parecía que la ciudad era nuestra, como un anuncio de esos en la que un coche circula sin tráfico por el centro de una ciudad.

Panorama du miroir d'eau

En nuestro zigzagueo por las calles empedradas, nos topamos con un camión de la basura que hacía una pequeña caravana. Cada pocos metros el camión paraba para recoger la basura de los depósitos subterráneos. Estábamos parados en la caravana, y ensimismados admirando los edificios cuando de repente…

…crash!!!!

Un fuerte golpe sacudió el coche, incluso lo levantó del suelo. Resulta que allí había unos bolardos de esos que salen del suelo, cosa que no vimos al estar en la caravana y no entender unos carteles que había en francés unos metros atrás.

Yo siempre creí que estos sistema tendrían un sensor o algo así, como los ascensores. Pero no,  al menos este no. Llevábamos un minuto parados encima sin verlo, cuando de repente subieron. Eso sí, luego de levantarnos, volvieron a bajar, no sé si por algún sistema o alguién lo bajo…. Rápidamente metí marcha atrás y bajamos del coche a mirar. En principio no parecía que tuviésemos nada, por lo que tomamos otra calle y nos fuimos a la orilla contraria del río, donde al entrar vimos que había sitios libres para aparcar, así podríamos revisar el coche bien.

Al bajar, vimos cómo caía un pequeño hilo de agua debajo del motor, y al abrir… había agua por parte del motor, con el radiador goteando agua… ¿teníamos roto el radiador?

No sabíamos si el daño era muy grande.  Luego de un pequeño momento de estrés y preocupación (por mi parte, que Rosi era más optimista), nos pusimos a buscar donde cenar.

Ese fue el momento en el cual descubrimos que las 10 era muy tarde para cenar en Francia, con restaurantes cerrados o a punto de cerrar. Pues iba a ser verdad eso de que en Francia a partir de las 8 empieza a cerrar todo y a las 10 es casi imposible cenar. Horarios europeos.

Dimos un par de vueltas por la zona buscando, pero ya teníamos ganas de descansar. Como aún teníamos del viaje algo de comida tipo picoteo, nos fuimos al hotel conduciendo con precaución y sin separar la mirada de los indicadores del coche. Llegamos al hotel perfectamente, sin nada raro que nos indicase un problema en el coche.

Si estaba averiado, lo averiguaremos al día siguiente, ya con luz. Así sería más fácil llamar a la compañía de seguros, a la grúa y localizar un taller. Luego decidiríamos según la avería, si esperar a que lo repararan o alquilar un coche para continuar.

En el siguiente relato, del día 2 de la guía, os contaremos qué pasó y cómo continuamos…

GASTOS

  • PEAJES 
    • Circunvalación Bilbao, Peaje Larraskitu: 1,15 €
    • Bilbao – Zarautz : 9,85 €
    • Durango Hondarribia : 2,25 €
    • Suma peajes ya en Francia: 12,70€.
  • HOTEL:
  • COMIDAS:
    • Aprox. 12 euros en supermercados

UTILIDADES

OTRA INFORMACIÓN:

  • Fecha: 29 Julio 2015

 

Este diario del día 1 pertenece a nuestro diario de viaje por Bretaña y Normandía. El índice del viaje lo encontrarás aquí.
Si deseas ver el diario del día anterior, es: DÍA 2: De Burdeos a Vannes (Bretaña), con parada en La Rochelle.

NOTA: Algunas de las fotos que acompañan a este reportaje, no son nuestras. Habitación de hotel (Booking) y la de Burdeos (Flickr de la Oficina Oficial de Turismo de Burdeos)

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demiku

El autor demiku

Blog de viajes en pareja, donde Miki y Rosi cuentan sus viajes y escapadas.

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